Al llamar a cualquier consulta de videncia existe una doble actitud: o bien colaborativa o bien interrogativa. La primera es adecuada, la segunda obedece en el fondo a un escepticismo ante una consulta de vidente. Esa desconfianza es lógica en el mundo que vivimos, pero de nada sirve llamar a una consulta de videntes si partimos de la base de que nos va a engañar, o de que simplemente tenemos que adoptar una actitud cauteloa para “probar” a ver si nos adivina algo.
En mi caso al preguntar no se trata de “sonsacar” al cliente, las preguntas que se establecen son necesarias a fin de interpretar adecuadamente la respuesta del Oráculo. Hablamos de interpretación correcta, adecuada al caso.
Si llama es preferible confiar, adoptar una actitud propia de sinceridad e indagación.


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